La actitud es clave para emprender en el mundo de la Abogacía


Existen habilidades que solo los abogados experimentados tienen, ya que es la propia andadura profesional la que las facilita y, a menudo, se trata de habilidades profesionales que no se enseñan en ninguna facultad o escuela de práctica jurídica. La motivación, la vocación y la proactividad necesarias para emprender, deben ir unidas a habilidades más estratégicas, tales como la capacidad comercial, el don de gentes e incluso la psicología; cuestiones que no son estrictamente jurídicas, pero sí muy en el marco del emprendimiento en un sector tan particular como el legal.


Pensando en pequeño

Emprender en el sector legal, y más en plena situación de crisis sanitaria y económica, es una carrera de fondo.

Siempre es recomendable hacer un ejercicio previo de análisis de nuestras habilidades y capacidades, así como de nuestras circunstancias; una autoevaluación con la que podremos identificar los pros y los contras de nuestro proyecto. De este modo, es mejor empezar pensando en pequeño: si queremos montar un despacho no tenemos por qué incurrir en gastos por cosas que, al principio y en esta situación de pandemia y teletrabajo generalizado, no necesitaremos realmente. Alquilar un local o contratar personal no son prioridades mientras podamos encargarnos nosotros mismos de la mayor parte de las tareas propias del despacho, y mientras podamos organizar un lugar de trabajo en nuestra propia casa, apoyándonos en las herramientas tecnológicas a tal fin.


Conocer el entorno

Ningún sector se caracteriza por tener condiciones sencillas para el emprendimiento. En este sentido, el sector legal presenta una serie de particularidades que requieren de habilidades profesionales, capacidad de autoevaluación y, por último, capacidad para conocer el entorno propio del sector y la profesión.

La abogacía, en todas sus formas de ejercicio, es una profesión que requiere de compromiso y responsabilidad. Por su parte, el sector legal es especialmente voraz en lo que a la competencia profesional se refiere. Conocer estas particularidades nos permitirá adquirir una perspectiva realista sobre la que tomar las decisiones óptimas, así como elegir bien a los colaboradores y herramientas de las que queramos rodearnos, fijando pautas y estrategias adecuadas.


Hacer números


Debemos tener claro cuándo comenzaremos a obtener rentabilidad de nuestro negocio, especialmente cuando hablamos de despachos de reducido tamaño y abogados individuales. Para ello, necesitaremos identificar los costes derivados de prestar nuestros servicios jurídicos.

Por un lado, hay costes fijos que responden a necesidades básicas de cualquier despacho, como: el material de oficina, el parque informático y consumos tales como la conexión a Internet y la línea telefónica. Por otro lado, hay otros costes que responden a una intención más estratégica: por ejemplo, invertir en las soluciones tecnológicas adecuadas nos permitirá acelerar procesos, haciéndonos más rentables y aunar las respuestas a múltiples necesidades del despacho en herramientas y soluciones únicas (gestión documental, archivo, facturación, base de datos, etc.), con el ahorro en costes que ello conlleva. La balanza estará más a nuestro favor. 

Analizando los costes básicos y estratégicos en los que dedicamos incurrir, podremos obtener una prevención de gasto con la que definir mejor nuestro modelo de despacho y nuestros honorarios.