Ponga un abogado en su vida, pero no cualquiera


Ponga un abogado en su vida, pero no a cualquiera


Circunstancias cotidianas como verse involucrado en un accidente de tráfico, ser despedido de una empresa, percibir una herencia, sufrir una separación o divorcio, redactar unas capitulaciones matrimoniales, tener un inquilino que no te paga y un largo etcétera, nos recuerdan que contar con un abogado de confianza es una pieza clave.

Contar con un buen abogado es sinónimo de asesoramiento cualificado. El abogado debe conocer la ley, estar en continuo proceso de formación y reciclaje jurídico, pero también debe manejarse con fluidez en el uso de las nuevas tecnologías y redes sociales. Necesitamos un abogado que nos reciba en su despacho, pero también con quien poder contactar por whatsapp, por email o por cualquier medio electrónico. Para ellos, los profesionales que buscan tener una ventaja competitiva están integrando las soluciones tecnológicas de última generación aplicadas al Derecho, que les permiten gestionar y controlar de manera integral todos los expedientes del despacho.

Un trabajo de calidad y bien hecho, ¿es garantía de éxito? No necesariamente, porque del abogado se quiere más. Se busca rigor, conocimiento y éxito, pero todo ello rodeado de empatía, cercanía, sencillez, cortesía, habilidad, tacto, atención personalizada, buena comunicación, lenguaje entendible, amabilidad, y la tan de actualidad "inteligencia emocional", herramientas hoy casi imprescindibles de calidad y, por tanto, de éxito en la relación abogado/cliente. El cliente quiere que el abogado que va a llevar un asunto, ¡su asunto! "sepa" y "sepa tratarle bien".


Información y seguimiento

El abogado deber recordar cada detalle de cada expediente por siemple que parezca porque, aunque para él suponga un caso más, para su cliente es "su caso". Debe huir de la imagen de un abogado con prisas y sin tiempo. El cliente tiene derecho a un trato personalizado, cercano, que su abogado le haga sentirse especial.


Fidelización

El abogado debe contar con habilidades para saber acercarse a su cliente, "dejarle hablar", aconsejar al cliente (no mandarle) y generar entre ellos una relación de confianza mutua, ofreciendo una imagen normalizada de su profesión y de sí mismo, alguien que, a pesar de disfrutar de su profesión, tiene vida más allá del despacho. Inspirar confianza y normalidad a un cliente conlleva su fidelidad, a veces con independencia de los resultados, pues conviene no olvidar que quien cuenta mejor la historia es el que gana.

La calidad en el trabajo realizado y en el servicio prestado, si bien facilitan en un porcentaje muy elevado la clave del éxito, no siempre lo garantizan, por eso es importante que el abogado se examine y permita que el cliente le valore, una vez finalizado su trabajo. Un abogado que ofrece a sus clientes encuestas de satisfacción demuestra un admirable nivel de compromiso y de mejora permanente.


Conclusión

Una calidad en el servicio prestado que garantice en un alto porcentaje el ansiado éxito, necesariamente se apoya en cuatro pilares:

  • Prestar un trabajo y asesoramiento especializado (porque saber de todo es no saber de nada).
  • El letrado debe garantizar una atención personalizada (el cliente es el centro, la prioridad, el eje; el cliente necesita "creerse" que su abogado piensa en él, en su caso).
  • El letrado debe ser capaz de mantener un orden y diligencia en la llevanza del caso (mantener informado al cliente en un lenguaje entendible de la evolución del asunto contratado, evitando trasladarle cualquier atisbo de caos).
  • Un resultado final satisfactorio, pero no tanto en términos de "ganar el caso", que sería lo más adecuado y ansiado, ¡cómo no!, sino de "ganar al cliente", porque ya sabes aquello de que "un cliente insatisfecho habla con 11 personas y 1 satisfecho con 2 o 3".